martes, 29 de diciembre de 2009

Unai Gostín. Continúa la aventura.

Continúa la aventura de Unai Gostín y de Christian por tierras centroamericanas. Desde el último post, han abandonado tierras Guatemaltecas, han pasado por El Salvador y se encuentran en territorio Nicaragüense. No han pasado por Honduras (o al menos así lo he interpretado yo). Ahora se dirigen a Managua. Mas detalles en su Blog: http://llantadeperro.blogspot.com/. Una de las ciudades visitadas en Gatemala ha sido Antigua: Ellos la describen así:"En la mañana le damos la despedida al maravilloso empedrado de Antigua ". Yo que tuve la ocasión de visitarla en el año 2.002, añado que es una preciosa ciudad,patrimonio cultural de la humanidad desde 1979. Llena de edificios con arquitectura colonial, incluidos los bancos e incluso los Mc Donalds, una ciudad con muchos artistas y gente bohemia con muchas tiendas y exposiciones de arte.

En otro orden de cosa, nos ha llegado la información que cierto medio de comunicación vasco tiene interés en realizar un reportaje de la aventura de Unai. Habrá que estar atento.

Como resumen de los últimos días, decir que con las últimas etapas, nuestros aventureros llevan ya 1.572 kms de pedaleo en sus piernas. Pongo a continuación las últimas etapas realizadas, y el plano de las ciudades por las que han pasado:

Etapa 18 (4/12) - Panajachel - Antigua
Etapa 19 (7/12) - Antigua - Amatitlan
Etapa 20 (9/12) - Amatitlan - Chiquimulilla
Etapa 21 (10/12) - Chiquimulilla - Acajutla
Etapa 22 (11/12) - Acajutla - La Libertad
Etapa 23 (12/12) - La Libertad - Usulutan
Etapa 24 (13/12) - Usulutan - La Unión
Etapa 25 (14/12) - Potosí - Chinandera

Desde Alonotegi sus amigos le han "regalado" a Unai un par de videos para que pase lo mejor posible estas Navidades lejos de su tierra. http://www.youtube.com/watch?v=S0TZtzTMKWE&feature=related y http://www.youtube.com/watch?v=Qul_JKn1EOA

Animo Unai y Cristian. Zorionak eta Urte Berri On. Bon Nadal!

1 comentario:

Txintxu dijo...

Como siempre, genial, Jesus!
Urte berri on para todas las personas que siguen el blog de Vitas!

ENTRADAS HISTORICAS (ABRI 2012)

El elefante que sobrevivió a la escopeta del Rey.



Corría el año 2001. El que suscribe estaba soltero y llevaba trabajando unos cuantos años, así que se podía permitir algún caprichito de vez en cuando. El dinero que me ahorraba en finales del Athletic, decidí "invertirlo" en un safari por África, un mes entero por Namibia, Zimbawe y .... Botswana. Un camión como medio de transporte, unas cuantas tiendas de campaña y unas cámaras fotográficas iban a ser suficientes para "merendarnos" el sur de África (Muchos flashes pero pocos tiros señor Borbón). Vascos, catalanes, madrileños... nos juntábamos por un mes, para descubrir la fauna, la flora y las etnias del "cono sur" africano. El colorido del viaje lo ponía el staff técnico. El camión lo conducía Steve, un chofer australiano. En sus manos solo podías ver dos cosas, el volante cuando conducía y el vaso de cerveza cuando no lo hacía. Los "torpedos" que agarraba eran de campeonato, menos mal que a las mañanas parecía revivir y nos llevaba con buen tino por las pistas africanas. De la cocina se encargaba Israel, un cocinero zimbawés de raza zulú, todo un licenciado en dietética, que había sido chef en más de un buen restaurante. Entre tanta gente del primer mundo, aquel cocinero zulú destacaba por su intuición, conocía el espíritu de las personas con solo mirarlas y  era capaz de tenernos entretenidos durante horas contándonos historias de su pueblo zulú o relatándonos cuentos de aquella especie de monstruo imaginario llamado "Safarranchino".  Por último y como jefe de expedición estaba Gorospe, un guía vasco con kilómetros y kilómetros recorridos por el continente africano. Los chacales que solían merodear alrededor de las tiendas, parece que le cogieron cariño.... y ya de paso también las zapatillas.
Grupoy guías en el delta del Okavango
Tras unos cuantos días por Namibia entrabamos en el país de moda durante estos últimos días, Botswana. Comenzaba nuestra andadura en  Rundu, cerca del grandioso Delta del Okavango. Allí aparcábamos el camión y con lanchas rápidas primero y mokoros(canoas propulsadas mediante pértigas por guías locales) después,  nos adentrabamos en aquel inmenso laberinto de pequeños canales. Pasadas unas horas llegábamos a una zona medianamente habitable y seca entre tanta agua  Allí, acampados en medio de la naturaleza se iba echando la noche y con ella los "bichitos" de la zona.  Sin ninguna barrera que nos separara de los animales, el fuego nocturno servía como foco al que dirigir las miradas, los cubatas hacían el resto, le daban a uno el valor suficiente para pasar la noche en medio de aquel zoológico natural, mientras los sonidos iban oyéndose cada vez más cerca. Al amanecer todo se veía distinto: "Aquí, en este árbol se han restregado esta noche", nos gritaba el guía lugareño. Las huellas dejadas en el árbol unido a los sonidos de pisadas escuchadas en medio de la noche, no dejaban lugar a dudas, los elefantes se habían acercado a unos veinte metros de las tiendas!
Recuerdo que al volver a la "civilización" tras la experiencia del salvaje Okavango, el guía de otro grupo, que hacía una ruta similar a la nuestra, nos comentaba que en Botswana estaba un conocido de todos nosotros, un tal Juan Carlos de Borbón y Borbón, que escopeta en ristre acechaba a los grandes paquidermos de la zona. 8.000 kilómetros más al norte, en un verano tranquilo, el ciudadano de a pie desconocía, que su campechano rey,  se divertía abatiendo elefantes en la lejana Botswana. Aquella noche nos dimos el gusto de acercarnos a un buen restaurante. El menú no podía ser más variado, asado de antílope, cocodrilo a la plancha, solomillo de elefante, eran algunos de los platos a los que nos asomábamos con mitad sentimiento de culpabilidad (algún objetor carnívoro se declaró en el grupo) y mitad expectación, ante un bocado que no se encuentra uno todos los días en el Eroski. Uno es buen comedor, pero lo del elefante se me hacía una "montaña" (ya! ya se que no me le iban a sacar entero, pero por si acaso) , así que pedí antílope. Mi compañero de mesa sí que se atrevió con la carne de paquidermo, así que aproveché la ocasión para probar un trocito. Eso sí primero inspeccioné bien lo que metía en la boca, por si acaso me dejaba la dentadura en un trozo de plomo de calibre 40, que nunca se sabe si lo que allí te servían había pasado por delante del suegro de Urdangarín.
Manadas de elefantes en la rivera del río Chobe.
Pero el viaje continuaba y ahora nos dirigíamos a otro paraíso, el parque nacional del Río Chobe. Una auténtica explosión de fauna y animales salvajes nos esperaba en torno al río. Leones, búfalos, hipopótamos, pero sobre todo elefantes, muchos elefantes. No era necesario moverse mucho para verlos, pero los que conocían la zona aconsejaban montarse en una lancha y darse una vuelta por el río a últimas horas del día. Tras una larga jornada de calor africano, el descenso de temperaturas hacía que los animales se fueran acercando a las orillas del río. Por allí se podía ver a los enormes hipopótamos hundidos en su particular lodazal, al águila pescadora en sus últimas zambullidas, a los marabús mostrando su silueta de conserjes del Palace y cómo no, nuestros querido elefantes. Se podían ver  manadas enteras de más de 20 individuos, merodear tranquilos la rivera del gran río Chove. Cuando ya el sol se acercaba al horizonte, cansados ya de sacar una y mil fotos, de cambiar montones de veces de objetivo, llegaba el momento mágico. Aquel elefante solitario,cual Cindy Crawford en un estudio de fotografía de Nueva York, parecía dispuesto a ser retratado a nuestro antojo. Con el motor de la lancha parado y el aliento de los pasajeros contenido, solo los sonidos de los animales y el disparar de las cámaras rompía el silencio que envolvía aquella estampa. "Ahora que levanta la trompa!" "A ver si pillo a esos pájaros que cruzan en el horizonte!" "Ahora que se ve el reflejo entre las patas" Eran las únicas preocupaciones que pasaban por nuestra mente mientras se abría y cerraba el diafragma de la Minolta. El escenario soñado para un aficionado a la fotografía. El resultado lo han podido disfrutar los lectores de este blog en su fotografía de portada desde su creación. Ese elefante del río Chobe se ha convertido en el icono gráfico de esta bitácora, y espero que sea así durante mucho tiempo. Hoy once años más tarde me pregunto cual sería el final de aquel elefante que tuvo la suerte de escapar a la escopeta del Rey.

El elefante que sobrevivió a la escopeta del Rey

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